Cuanto más se enfría tu salón, más se calienta tu calle. No es una metáfora: es física atmosférica medida con modelos acoplados de energía y clima urbano. Un equipo de la Universidad Estatal de Arizona simuló diez días de verano en Phoenix con y sin el calor residual que expulsan los aparatos de aire acondicionado, y encontró que ese calor de desecho eleva la temperatura nocturna del aire hasta 1 °C en algunas zonas de la ciudad [1]. De día el efecto es insignificante porque la atmósfera lo dispersa con facilidad; de noche, con la capa límite atmosférica más comprimida, ese calor se queda flotando entre los edificios, calentando el aire justo cuando tu cuerpo más necesita refrescarse para dormir. Parte de la solución al calor urbano genera, activamente, más calor urbano.

Pero el aire acondicionado es solo la puerta de entrada a un problema mucho más grande, y con dos frentes distintos: el calor que ya está matando gente en Europa este mismo verano, y el agua que ya está borrando países enteros del mapa. Vamos a los dos, con datos actualizados de 2025 y 2026, y sin quedarnos otra vez solo en Estados Unidos.

La isla que fabrica su propio calor

El fenómeno de fondo tiene 200 años y lo descubrió, sin buscarlo, el hombre que le puso nombre a las nubes. Luke Howard, farmacéutico londinense y padre de la nomenclatura de cúmulos y cirros, comparó termómetros dentro y fuera de Londres a principios del siglo XIX y encontró que la ciudad estaba sistemáticamente más caliente que el campo circundante, con la diferencia más marcada de noche [2]. Es la primera descripción documentada de la isla de calor urbana.

El mecanismo combina varios efectos que se refuerzan entre sí [3]: el asfalto y el hormigón absorben radiación solar de día y la liberan despacio de noche; los edificios bloquean el viento que dispersaría ese calor; la vegetación, que enfriaría el aire al evaporar agua, ha sido sustituida por superficie impermeable; y se suma el calor residual de coches, industria y aires acondicionados. La diferencia térmica entre una ciudad y su entorno rural puede superar los 5 °C de media y llegar a picos de 7 °C en noches despejadas, según la síntesis de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. [4].

Europa ya no puede fingir que esto es cosa de otros

Aquí está el dato que faltaba y que cambia el centro de gravedad de todo este tema: Europa es, per cápita, el continente con más muertes por calor del planeta, y la tendencia va empeorando, no mejorando. El verano de 2022 dejó 61.672 muertes atribuibles al calor en 35 países europeos, con Italia, España y Alemania a la cabeza en cifras absolutas [5]. El informe europeo 2026 de Lancet Countdown sobre clima y salud eleva la cifra de 2024 a unas 62.000 muertes relacionadas con el calor, y confirma que el 99,6% de las regiones europeas monitorizadas ha visto aumentar su mortalidad por calor en la última década [6]. Los avisos oficiales de calor extremo se han multiplicado por más de cuatro desde los años noventa hasta ahora [6].

Y 2025 y 2026 no han sido una excepción, han sido la confirmación. Las estimaciones preliminares sitúan el exceso de mortalidad de las olas de calor europeas de 2025 en torno a 16.500 personas, y las de 2026 en unas 20.390, aunque estos números son preliminares y están sujetos a revisión conforme avanza el análisis epidemiológico completo [7]. Es decir: no hace falta irse a Phoenix para encontrar el problema. Está en Madrid, en Roma, en Berlín, ahora mismo.

Dicho esto, Phoenix sigue siendo el laboratorio más extremo para estudiar soluciones, precisamente porque lleva más años tratando el calor como una emergencia gestionada. En 2024 encadenó 113 días seguidos por encima de 37,8 °C y el condado de Maricopa confirmó 608 muertes relacionadas con el calor; en 2025 la cifra bajó a 430, la segunda caída anual consecutiva [8]. El propio condado reconoce que hay varios factores detrás de la mejora y que la relación causal con las medidas municipales no está aislada estadísticamente, pero la dirección coincide con el momento en que la ciudad creó, en 2021, la primera Oficina de Respuesta y Mitigación del Calor de Estados Unidos, con presupuesto público y un climatólogo de carrera al frente [9].

La sombra no se reparte por azar, se reparte por renta, y esto se ha medido en distintos países, no solo en EE. UU. Un análisis de 5.723 municipios estadounidenses publicado en PLOS ONE encontró que en el 92% de las áreas urbanizadas estudiadas los barrios de renta baja tienen menos cobertura arbórea que los de renta alta —un 15,2% menos de media— y son 1,5 °C más calurosos en verano; en algunas ciudades del noreste del país la diferencia llega a 30% menos de árboles y 4 °C más de calor [10]. Tiene nombre en la literatura, «efecto lujo», porque el arbolado urbano se comporta casi como un bien de consumo premium. La sombra, que debería ser el recurso de adaptación más barato y democrático que existe, también tiene código postal.

Rotterdam: menos muro y más sitio para el agua

En la noche del 31 de enero de 1953, una marejada ciclónica rompió los diques del suroeste de los Países Bajos y mató a más de 1.800 personas [11]. La respuesta fue el Plan Delta, y su pieza más espectacular es la Maeslantkering: una barrera con dos brazos flotantes —cada uno tan largo como alta es la Torre Eiffel— que se cierra sola cuando un sistema informático detecta riesgo de inundación marina [11]. Desde 1953, el país no ha vuelto a sufrir una inundación costera mortal de magnitud comparable.

Pero el giro interesante de las últimas dos décadas no es más muro, es menos muro y más sitio. El programa Room for the River, lanzado tras las inundaciones fluviales casi catastróficas de los años noventa, bajó algunos diques y ensanchó el cauce de los ríos, devolviéndoles llanuras de inundación ganadas un siglo antes [12]. Un río más ancho necesita menos altura de dique para mover la misma cantidad de agua en una crecida. A escala de ciudad, ese espíritu se traduce en las plazas de agua como Benthemplein, inaugurada en 2013: en días secos es una pista deportiva, en tormentas fuertes se convierte en depósito capaz de retener 1,7 millones de litros de agua [13].

Venecia: la barrera que ya está mostrando su fecha de caducidad

El MOSE, el sistema de 78 compuertas de acero que protege la laguna de Venecia, costó 6.000 millones de euros y entró en funcionamiento en 2020. Entre 2020 y 2025 se cerró 108 veces para evitar inundaciones. En los dos primeros meses de 2026 ya se había activado 30 veces [14]. Esa aceleración no es un fallo del sistema, es exactamente lo que la física predice: a medida que el mar sube y la propia ciudad sigue hundiéndose por subsidencia, la misma barrera que hoy funciona necesitará cerrarse cada vez más y durante más tiempo, hasta el punto de tener que permanecer semanas cerrada al año, bloqueando el puerto, alterando el ecosistema de la laguna y obligando a instalar sistemas de bombeo permanentes solo para mantener el nivel del agua interior [14].

Un estudio publicado en Scientific Reports en 2026 modelizó cuatro futuros posibles para Venecia —mantener la laguna abierta con más defensas, amurallar el centro histórico, sellar la laguna por completo, o retirarse y trasladar monumentos seleccionados tierra adentro— y su conclusión es incómoda pero clara: ninguna estrategia preserva la ciudad tal como la conocemos hoy de forma indefinida [14]. Los costes van de 500 millones de euros para diques adicionales a más de 30.000 millones para sellar la laguna, y hasta 100.000 millones para un traslado parcial [14].

Y aquí está el dato que responde a la pregunta de si la subida del mar es «muy a largo plazo»: los propios investigadores calculan que, incluso en el escenario de emisiones más favorable, las decisiones importantes y el inicio de las obras tienen que producirse dentro de las próximas décadas [14]. No es una amenaza para el siglo que viene. Es una decisión que Venecia ya está discutiendo ahora mismo.

¿Cuánto tiempo tenemos, de verdad?

Esta pregunta sólo tiene respuesta estimada. El IPCC proyecta una subida media global del nivel del mar de entre 0,28 y 1,01 metros para 2100 según el escenario de emisiones, con un rango de baja confianza que no descarta acercarse a los 2 metros si los procesos de desestabilización de los mantos de hielo de la Antártida resultan más rápidos de lo esperado [16]. La verdadera fuente de incertidumbre está en Groenlandia y, sobre todo, en la Antártida: el propio IPCC habla de «incertidumbre profunda» en la dinámica de esos mantos de hielo, porque incluyen mecanismos de colapso que todavía no se modelizan bien [16]. Un estudio de la Universidad de Oxford de 2026 añade otro matiz incómodo: aunque el mundo lograra estabilizar la temperatura global mañana mismo, la subida del mar y el deshielo del permafrost seguirían su curso durante siglos, porque son procesos con un desfase temporal enorme respecto a la temperatura que los provoca [18]. Esto significa que buena parte de la subida del mar de aquí a 2100 y más allá ya está, en cierto sentido, decidida por las emisiones pasadas.

Para la mayoría de ciudades costeras del mundo —Róterdam, Venecia, Nueva York, Barcelona— es un proceso de décadas, gestionable con la planificación de infraestructuras que ya hemos visto, aunque con plazos de obra que obligan a decidir ya, no dentro de cincuenta años. Pero para los países de islas bajas del Pacífico, la pregunta ya tiene respuesta y no es tranquilizadora. Tuvalu, con una altitud media de apenas dos metros y un punto más alto de 4,5 metros, ha visto subir el mar en su región un 50% más rápido que la media global en las últimas tres décadas [17]. El gobierno tuvaluano calcula que en 2050 la mitad de la capital sufrirá inundaciones regulares por marea, y que entre el 90 y el 95% del país podría quedar permanentemente sumergido para 2100 [17]. Esto ya no es una proyección abstracta: en 2023 Tuvalu firmó con Australia el tratado Falepili, que reconoce la soberanía del país incluso si su territorio físico desaparece bajo el agua, y ofrece 280 visas climáticas al año; en la primera ronda, más de un tercio de la población del país se inscribió [17]. En paralelo, Tuvalu está construyendo una réplica digital completa del país para preservar su identidad y su gobierno aunque la tierra física deje de existir [17]. Es decir, para las islas más bajas del planeta, esto no es a largo plazo, es un proceso ya en marcha con plazos de una generación; para el resto de ciudades costeras, es una carrera de décadas contra plazos de ingeniería que también se miden en décadas, lo cual deja mucho menos margen del que parece a primera vista.

Singapur: la ciudad que se inventó su propia agua

Cuando Singapur se independizó en 1965 no tenía ríos importantes, apenas acuíferos, y dependía de acuerdos de suministro con Malasia con fecha de caducidad. La respuesta, gestionada por la agencia estatal PUB, son los «cuatro grifos nacionales»: agua de lluvia capturada en una red de embalses que cubre dos tercios de la isla, agua importada, agua desalinizada y NEWater: agua residual tratada con microfiltración, ósmosis inversa y desinfección ultravioleta hasta superar los estándares de potabilidad de la OMS [20]. Hoy cubre en torno al 40% de la demanda nacional, con el objetivo de llegar al 55% en 2060 [20]. Una parte no menor del agua que beben cinco millones y medio de personas pasó antes por un inodoro; a la química no le importa la procedencia.

Con el calor, Singapur juega la misma obsesión por medir antes de construir. El consorcio Cooling Singapore, con participación de ETH Zúrich, desarrolla un gemelo digital climático de la ciudad para simular el efecto de cambiar materiales o vegetación antes de gastar un dólar en obra real [21], y la normativa LUSH obliga a los promotores a reponer en el propio edificio el verde que la construcción elimina a nivel de suelo [22]. De ahí esa estética de rascacielos cubiertos de vegetación, que es en el fondo contabilidad de metros cuadrados verdes bastante aburrida.

Lo que la evidencia sostiene, sin adornos

La isla de calor urbana mata a decenas de miles de personas cada verano en Europa, no solo en climas desérticos estadounidenses, y la tendencia de la última década va a peor, no a mejor: esto está tan bien establecido como puede estarlo algo en climatología urbana [2][3][4][5][6]. Las soluciones que funcionan son, en su mayoría, poco espectaculares: árboles, sombra, sitio para el agua, reciclaje hídrico, barreras bien mantenidas; Róterdam y Singapur llevan décadas demostrándolo [11][12][13][20]. Pero la subida del mar introduce un elemento que el calor no tiene: plazos de ingeniería que ya están corriendo. Venecia necesita decidir su futuro dentro de esta década para tener margen de construir a tiempo, y Tuvalu ya no está decidiendo si adaptarse sino cómo preservar su identidad sin su territorio [14][17].

La conclusión honesta es que no hay una única fecha límite para todo el planeta: hay un calendario distinto para cada ciudad, y algunos de esos calendarios, contra lo que uno intuiría, ya han empezado a correr. Los países con economía potente podrán construirse con tiempo medidas para protegerse, pero los mas afectados, islas del pacifico y deltas muy poblados, prácticamente van a dejar de existir, paradójicamente, son los países que menos han contribuido a las emisiones. De todas formas hay que descartar actualmente panoramas apocalípticos o aterradores , al menos respecto a la subida de temperaturas y nivel del mar, ya que hay tiempo si las cosas se hacen bien de controlarlo.

Referencias

[1] Salamanca, F., Georgescu, M., Mahalov, A., Moustaoui, M. y Wang, M. (2014). Anthropogenic heating of the urban environment due to air conditioning. Journal of Geophysical Research: Atmospheres, 119(10). — Fiable

[2] Howard, L. (1833). The Climate of London, Deduced from Meteorological Observations. Harvey and Darton, Londres. — Fuente histórica/observacional

[3] Oke, T. R. (1982). The energetic basis of the urban heat island. Quarterly Journal of the Royal Meteorological Society, 108(455), 1–24. — Fiable

[4] Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Heat Island Effect: síntesis de investigación sobre diferenciales de temperatura urbana. — Estadística oficial

[5] Ballester, J., et al. (2023). Heat-related mortality in Europe during the summer of 2022. Nature Medicine, 29. — Fiable

[6] Lancet Countdown Europe (2026). Informe europeo 2026 sobre salud y cambio climático. — Fiable

[7] Estimaciones preliminares de exceso de mortalidad por las olas de calor europeas de 2025 y 2026 (Indiana University; Universidad de Medicina de Poznań), recogidas en Wikipedia, «2026 European heatwaves». — En revisión

[8] Maricopa County Department of Public Health (2024–2026). Heat-Related Deaths Reports, años 2024 y 2025. — Estadística oficial

[9] City of Phoenix (2021). Office of Heat Response and Mitigation. — Documento institucional

[10] McDonald, R. I., et al. (2021). The tree cover and temperature disparity in US urbanized areas. PLOS ONE, 16(4). — Fiable

[11] Rijkswaterstaat / Programa Delta de los Países Bajos. Documentación técnica sobre la inundación de 1953 y la barrera Maeslantkering. — Documento institucional

[12] Gobierno de los Países Bajos. Programa Room for the River (Ruimte voor de Rivier). — Documento institucional

[13] De Urbanisten / Municipio de Rotterdam (2013). Water Square Benthemplein. — Documento institucional

[14] Lionello, P., Giupponi, C., Di Fant, V., Pasquier, U., Nicholls, R. J. y Vafeidis, A. T. (2026). Long-term adaptation pathways for Venice and its lagoon under sea-level rise. Scientific Reports, 16, 9438. — Fiable

[15] (referencia combinada con la 14 en el texto final)

[16] IPCC (2021). Sexto Informe de Evaluación (AR6), Grupo de Trabajo I, capítulo 9: Ocean, Cryosphere and Sea Level Change. — Fiable

[17] NASA / Gobierno de Tuvalu / Gobierno de Australia. Datos de subida del nivel del mar en Tuvalu y tratado Falepili Union (2023). — Estadística oficial / documento institucional

[18] Environmental Change Institute, Universidad de Oxford (2026). Estudio sobre la irreversibilidad a largo plazo de la subida del mar y el deshielo del permafrost tras la estabilización de la temperatura. — Fiable

[19] IPCC (2021). AR6, valoración sobre la probabilidad de liberación abrupta de metano desde clatratos e hidratos de metano durante el siglo XXI. — Fiable

[20] PUB, Singapore’s National Water Agency. Programa NEWater y estrategia de los «Four National Taps». — Estadística oficial

[21] Cooling Singapore / Singapore-ETH Centre. Gemelo digital climático urbano. — Documento institucional

[22] Urban Redevelopment Authority, Singapur. Programa LUSH. — Documento institucional

[23] White, G. F. (1945). Human Adjustment to Floods. Universidad de Chicago; verificado en Di Baldassarre, G., et al. (2015), Water Resources Research. — Fiable

Nota sobre fuentes con matices: la referencia [7] se etiqueta En revisión porque son estimaciones preliminares de exceso de mortalidad, explícitamente señaladas como sujetas a cambio conforme avance el análisis epidemiológico completo; se usan aquí solo como indicador de tendencia, no como cifra definitiva. La referencia [8] es estadística oficial, no revisión por pares: los criterios de clasificación de «muerte relacionada con el calor» han variado ligeramente entre años. Los costes y plazos de las estrategias de adaptación de Venecia en la referencia [14] son proyecciones de un único estudio de modelización reciente, no cifras ejecutadas; se presentan como tales en el texto.

¡Únete!

Suscríbete, y empieza hoy a estar al día de las novedades de Pensar es Gratis.

¡Prometemos que nunca te enviaremos spam! Echa un vistazo a nuestra política de privacidad para obtener más información.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *