Vale, empecemos con lo que nos importa. Has dejado el móvil en algún sitio. No, no en el bolsillo. No, no en la mesa. ¿En la cocina? ¿En el baño? Mierda. No tienes ni idea. Has dado tres vueltas por la casa, has levantado el cojín del sofá como si el móvil fuera a estar debajo (nunca está debajo), y estás a punto de rendirte y usar el “buscar mi dispositivo” de otro aparato.

Pero, oye. Sabes montar en bici. No has tocado una bici en cinco años, pero si te subes a una ahora mismo, tu cuerpo pedalea, equilibra y gira como si nunca hubieras hecho otra cosa. ¿Cómo es posible que el cerebro recuerde una coreografía motora complejísima y, sin embargo, sea incapaz de retener durante diez minutos dónde has dejado un objeto que pesa medio kilo y vibra?

La respuesta no es que estés perdiendo facultades (bueno, quizá un poco). La respuesta es que tu cerebro no es un disco duro. Es más bien como una empresa con distintos departamentos que no se hablan entre sí. Y el departamento que guarda cómo se monta en bici es completamente diferente al que… bueno, al que debería guardar dónde has dejado el móvil, pero ha decidido hacer huelga.

Los dos grandes bandos: declarativa vs. procedimental

Para entender este desaguisado, hay que empezar por la división más básica de la memoria a largo plazo: la memoria declarativa (o explícita) y la memoria procedimental (o implícita) [1]. Son tan diferentes que, literalmente, funcionan con hardware distinto [2][4].

La memoria procedimental es la que te interesa para la bici. Es la memoria del “cómo se hace”. Almacena habilidades motoras, hábitos y procedimientos que ejecutamos de forma automática, sin pensar [1][5]. Es la que te permite conducir, atarte los zapatos, nadar o tocar un instrumento sin tener que recordar conscientemente cada movimiento. Cuando aprendiste a montar en bici, al principio fue un suplicio: caídas, pedaladas torpes, la angustia de que papá soltara el sillín… Pero con la práctica, el cerebro fue grabando patrones de movimiento en circuitos específicos, y la habilidad se volvió automática e inconsciente. Se consolidó en un sistema que no necesita de la conciencia para funcionar [3]. Por eso, aunque pasen años, el “programa” sigue ahí, intacto.

La memoria declarativa, en cambio, es la memoria del “qué”. Es la que almacena hechos y eventos que podemos recordar y “declarar” conscientemente [4]. Se divide en dos subtipos:

  1. Memoria semántica: el conocimiento general del mundo. Saber que París es la capital de Francia, que el agua hierve a 100 grados, o que un tenedor tiene cuatro dientes [5].
  2. Memoria episódica: el registro de nuestras experiencias personales. Es la que te permite recordar qué desayunaste ayer, tu último cumpleaños, o, en teoría, dónde demonios dejaste el móvil hace diez minutos [1][5].

Aquí está el problema: la memoria episódica, la que te dice dónde está el móvil, es una de las más frágiles y dependientes del contexto [4]. La memoria procedimental, la de la bici, es un roble.

El mapa del tesoro (neural): dónde vive cada recuerdo

La razón de esta diferencia de fiabilidad está en los circuitos cerebrales que usa cada una.

La memoria declarativa (tanto semántica como episódica) depende en gran medida del lóbulo temporal medial y, de forma especialmente crítica, del hipocampo [4][5]. El hipocampo actúa como una especie de director de orquesta o de sistema de indexación. Cuando vives una experiencia, el hipocampo la “empaqueta” y la envía a la corteza cerebral para su almacenamiento a largo plazo. Pero el hipocampo es también un cuello de botella: si se daña, la formación de nuevos recuerdos episódicos se va al garete [10].

La memoria procedimental, en cambio, no necesita al hipocampo. Sus circuitos principales son los ganglios basales, el cerebelo y la corteza motora [5]. Son estructuras más antiguas, más automáticas y, en cierto modo, más a prueba de bombas. Un estudio de 2024, por ejemplo, encontró que la microestructura de la sustancia blanca en el circuito ganglios basales-cerebelo está relacionada con las diferencias individuales en el aprendizaje procedimental tanto en adultos como en niños [7]. Es decir, la calidad de este “cableado” influye en lo rápido que aprendemos habilidades como montar en bici. Y el cerebelo, además, parece ser el análogo del hipocampo para la memoria sensoriomotora, siendo crucial para formar memorias motoras a largo plazo [9].

El hipocampo también se apunta a la fiesta motora

¿Qué la memoria procedimental no usa el hipocampo? Pues no es tan sencillo. En un estudio de neuroimagen publicado en noviembre de 2024 en el Journal of Neuroscience [10] y liderado por Rhys Yewbrey y Katja Kornysheva [3] l os investigadores entrenaron a 24 participantes para que aprendieran secuencias de movimientos con los dedos hasta que las ejecutaban con gran precisión. Luego, les metieron en un escáner fMRI y observaron qué pasaba en su cerebro [3].

Se esperaba que la actividad se concentrara en los ganglios basales y el cerebelo. Y así fue durante la ejecución. Pero resulto que cuando empezaba la planificación del movimiento de los dedos, la actividad en el hipocampo aumentaba cuando debía de haber sido los ganglios y el cerebelo, e incluso se encargaba de predecía el orden de la secuencia de pulsaciones que el participante iba a ejecutar a continuación.

Los autores concluyen que el hipocampo, tradicionalmente visto como el centro de la memoria episódica y espacial, también participa en el control de orden superior de movimientos hábiles que requieren una recuperación flexible [3]. Es decir, el hipocampo no solo sirve para recordar dónde está el móvil, sino que también ayuda a planificar la secuencia de pedaleo para esquivar un bordillo. La separación entre sistemas no es un muro, es una membrana con agujeros.

El caso de H.M. y Clive Wearing

La mejor evidencia de que estos sistemas son independientes viene de los pacientes con amnesia. El caso más famoso es el de Henry Molaison (conocido como H.M.). En la década de 1950, se le extirparon partes de los lóbulos temporales mediales, incluyendo la mayor parte del hipocampo, para tratar su epilepsia [10]. El resultado fue una amnesia parcial severa: era incapaz de formar nuevos recuerdos episódicos o semánticos. No recordaba lo que había comido hacía una hora ni reconocía a las personas que acababa de conocer [10].

Pero había una cosa que H.M. sí podía hacer: aprender nuevas habilidades motoras. Los psicólogos le hicieron practicar el dibujo de una estrella mirando en un espejo (una tarea que requiere coordinación visomotora y es difícil al principio). Con el paso de los días, H.M. mejoraba su rendimiento en la tarea, igual que una persona sana. Pero lo sorprendente era que no recordaba haberla practicado nunca. [10]. Su memoria declarativa estaba borrada, pero su memoria procedimental seguía funcionando a pleno rendimiento [11].

El caso de Clive Wearing, un músico británico que contrajo una encefalitis por herpes que le destrozó el hipocampo, es aún más extremo. Su memoria episódica se redujo a unos pocos segundos. Vive en un presente perpetuo, despertándose cada pocos minutos pensando que acaba de recuperar la conciencia por primera vez. Sin embargo, puede mantener conversaciones, leer música y tocar el piano y dirigir orquestas con una habilidad que ha conservado intacta [2]. Su memoria procedimental musical sobrevivió al desastre.

La semántica y la episódica no son tan diferentes

Un estudio de 2023 publicado en PMC [8] encontró que, en realidad, hay una superposición sorprendentemente grande entre los correlatos neurales de la memoria semántica y la episódica [8]. Lo que significa es que el cerebro no tiene dos cajones perfectamente separados para “hechos” y “experiencias”. Más bien, existe un continuo. Los recuerdos autobiográficos pueden volverse más “semánticos” con el tiempo (dejas de recordar el día exacto que aprendiste que París es la capital y simplemente “lo sabes”), y el conocimiento semántico a menudo está anclado en experiencias episódicas originales.

¿Y si la memoria procedimental pudiera “enseñar” a la declarativa?

Esto es especulación: si la memoria procedimental es tan resistente y puede funcionar sin el hipocampo, ¿podría ser utilizada para rehabilitar la memoria declarativa?

Por ejemplo: en lugar de intentar que un paciente con amnesia memorice conscientemente algo , le enseñamos una habilidad procedimental, como tocar una secuencia en el piano,, que si es capaz. Al hacerlo, estamos activando los ganglios basales y el cerebelo. Pero como vimos en el estudio de Yewbrey y Kornysheva [3], el hipocampo también se activa durante la planificación de esa secuencia. Estamos, de alguna manera, “invitando” al hipocampo a la fiesta motora. ¿Podría esa activación repetida del hipocampo, aunque sea en un contexto procedimental, ayudar a “despertar” su capacidad para formar nuevos recuerdos episódicos? ¿O podríamos anclar información declarativa en los procesos motores, de forma que el paciente aprenda hechos nuevos como si fueran una rutina motora?

No hay evidencia sólida para esto ,pero dado que sabemos que el hipocampo no es un mero espectador en la memoria procedimental [3], es una posibilidad, no una locura.

Tu cerebro no está roto, está organizado de forma extraña

Volvamos al móvil, ya no recuerdas dónde lo dejaste porque la memoria episódica es exigente: necesita atención, contexto y, sobre todo, un hipocampo que esté dispuesto a hacer su trabajo de indexación [4][5]. Si cuando dejaste el móvil estabas pensando en otra cosa, el hipocampo dijo “esto no es prioritario” y no creó un índice robusto. El recuerdo se desvaneció.

En cambio, la memoria procedimental no pide permiso ni atención. Se graba a base de repetición en circuitos que son máquinas de hacer automático [1][3]. Una vez que el programa está instalado, no se desinstala. No es que “no se te olvide” montar en bici; es que tu cerebro ni siquiera considera que sea algo que recordar. Es un reflejo, un hábito, una rutina incrustada en la carne de tus ganglios basales [5].

Y luego está la otra hermana de la declarativa, la semántica, que es la que peor lo tiene de las tres para instalarse. Vale, sabes que la capital de Francia es París, pero eso ya ni siquiera recuerdas cuándo lo aprendiste — se volvió un dato suelto, sin fecha, sin contexto, flotando ahí desde hace tanto que perdió toda conexión con el momento en que entró [8]. El problema es cuando el dato es nuevo: una fecha de historia, una fórmula, un concepto de física que acabas de ver en clase. Si solo lo lees dos veces la noche antes del examen, no se ancla a nada. Es información suelta sin ganchos, y el cerebro la trata como ruido de fondo, no como algo que merezca la pena guardar.

Por eso releer apuntes, aunque se siente productivo, sirve más bien poco: una revisión exhaustiva de técnicas de estudio, que comparó decenas de métodos distintos, encontró que releer y subrayar están entre las estrategias menos eficaces que existen, precisamente porque generan una sensación de familiaridad que se confunde con saber [12]. Te suena, así que crees que lo sabes, pero no es lo mismo. Lo que de verdad funciona —y esto no es un estudio suelto, son metaanálisis con cientos de estudios y miles de estudiantes detrás— es intentar recordar el dato activamente, sin mirar el apunte, aunque falles. Eso obliga al cerebro a reconstruir la conexión desde cero, y la deja mucho más fuerte que diez relecturas seguidas [13]. Es contraintuitivo: cuesta más, se siente peor mientras lo haces, y aun así funciona mejor. La memoria semántica no se ancla por exposición pasiva. Se ancla por el esfuerzo de tener que ir a buscarla.

Tu cerebro no es un ordenador que guarda todo en el mismo disco duro. Es un ecosistema con distintos departamentos que compiten por recursos y que tienen sus propias reglas: uno se instala solo con repetición motora, sin pedir permiso; otro necesita atención en el momento exacto en que pasa algo; y el tercero, el que usas para estudiar, necesita que lo obligues a currar para que se quede. Y la próxima vez que no encuentres el móvil, o no te acuerdes de una fecha que juraste haber estudiado, no te desesperes: ahora sabes exactamente por qué ha pasado, y sabes qué hacer la próxima vez. La bici, al menos, siempre estará.

Referencias

[1] Declarative and Procedural Memory Contributions to Argument Structure and Word Order Learning (2025). Repositories.cdlib.orgFiabilidad: Marco teórico (presenta el modelo Declarativo/Procedimental para el lenguaje, una propuesta teórica consolidada).

[2] Cacciatori di ricordi (2025). Almanacco.cnr.itFiabilidad: Divulgación científica (artículo de divulgación del CNR que explica la diferencia anatómica entre memoria declarativa y procedimental, citando casos clásicos).

[3] The Hippocampus Preorders Movements for Skilled Action Sequences (2024). Yewbrey, R., & Kornysheva, K. Journal of Neuroscience, 44(45). Fiabilidad: Fiable (estudio de neuroimagen con fMRI, revisado por pares, que muestra la participación del hipocampo en la planificación de secuencias motoras).

[4] Physiology, Long Term Memory (2023). Almaraz-Espinoza, A., et al. StatPearlsFiabilidad: Marco teórico (revisión exhaustiva de la fisiología de la memoria a largo plazo, publicada en una base de datos de referencia médica).

[5] TABLE 1: Types of Long-Term Memory (2021). PMCFiabilidad: Marco teórico (tabla de referencia sobre los tipos de memoria, sus ejemplos y sustratos neurales, de una fuente revisada por pares).

[6] Memory systems (2010). Wolk, D. A., et al. Continuum (Minneap Minn)Fiabilidad: Marco teórico (artículo de revisión sobre los sistemas de memoria y sus bases neuroanatómicas, publicado en una revista de la American Academy of Neurology).

[7] Procedural learning is associated with microstructure of basal ganglia-cerebellar circuitry in children (2024). Bianco, K. M., et al. Brain and Cognition, 180. Fiabilidad: Fiable (estudio empírico con MRI y tarea SRT en niños, revisado por pares).

[8] The shared and unique neural correlates of personal semantic, general semantic, and episodic memory (2023). PMCFiabilidad: Fiable (estudio que encuentra superposición en los correlatos neurales de la memoria semántica y episódica).

[9] The cerebellum acts as the analog to the medial temporal lobe for sensorimotor memory (2024). PNASFiabilidad: Fiable (estudio que demuestra el papel del cerebelo en la memoria sensoriomotora a largo plazo).

[10] El caso de H.M. y la revolución en la neurociencia cognitiva (2025). RCV.hnFiabilidad: Divulgación científica (artículo que resume el caso de Henry Molaison y su contribución al conocimiento de la memoria procedimental).

[11] Declarative Learning, Priming, and Procedural Learning Performances comparing Individuals with Amnestic Mild Cognitive Impairment… (2023). Fiabilidad: Fiable (estudio que confirma que el aprendizaje procedimental puede operar independientemente del hipocampo).

[12] Dunlosky, J., Rawson, K.A., Marsh, E.J., Nathan, M.J., & Willingham, D.T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques: promising directions from cognitive and educational psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4-58. — Fiable

[13] Roediger, H.L. & Karpicke, J.D. (2006). Test-enhanced learning: Taking memory tests improves long-term retention. Psychological Science, 17(3), 249-255. — Fiable (confirmado por metaanálisis posteriores con cientos de estudios y tamaños de muestra grandes: Rowland, 2014, Psychological Bulletin, g=0,50; Adesope, Trevisan & Sundararajan, 2017, Review of Educational Research, g=0,61 sobre 217 estudios)

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