Piensa en el recuerdo más nítido que tienes. Algo que juras que pasó exactamente así. Ahora considera esto: cada vez que lo recuerdas, lo estás recuperando, modificandolo y reescribiendo. Y no lo notas. Nadie lo nota.

Eso no es una broma o simplificación, es lo que ocurre en tu cerebro a nivel molecular, y tiene consecuencias bastante incómodas para todo lo que creemos saber sobre aprender, recordar y confiar en nuestra propia cabeza.

La ilusión del disco duro

El modelo mental que la mayoría de la gente tiene sobre la memoria es el de un archivo: vives algo, el cerebro lo guarda, y cuando lo necesitas lo recuperas. Lo guardas y almacenas en el disco duro de tu memoria.

El problema es que esta interpretación está fundamentalmente equivocada.

La memoria no almacena y recupera. La memoria reconstruye. Cada vez que recuerdas algo, el cerebro no reproduce un archivo —lo fabrica de nuevo, en tiempo real, usando fragmentos dispersos, contexto actual, expectativas y, a veces, información que no tenía nada que ver con el momento original. El resultado parece idéntico al original. Pero no lo es (sin embargo tu te lo crees)

Lo que un neurocientífico descubrió casi por accidente

En el año 2000, Karim Nader, investigador de la Universidad de Nueva York, hizo algo que sus colegas consideraban innecesario. Tenía ratas condicionadas a temer un sonido específico —el clásico experimento pavloviano. La memoria del miedo estaba consolidada. Todos sabían que una vez consolidada, una memoria era estable.

Nader los reactivó esa memoria —expuso a las ratas al sonido— y luego inyectó en la amígdala un inhibidor de síntesis proteica. Si la memoria estaba consolidada y era estable, el inhibidor no debería cambiar nada. Las ratas deberían seguir teniendo miedo.

Pero el miedo desapareció [1].

Lo que mostró el experimento es que en el momento de recuperar un recuerdo, este vuelve a quedar en un estado lábil: vulnerable, modificable, inestable. Para que persista, tiene que volver a consolidarse —de ahí el término reconsolidación. Y durante ese proceso, puede ser alterado, debilitado, fortalecido o contaminado con información nueva.

Publicado en Nature, el estudio de Nader rompió los esquemas sobre cómo funciona la memoria. La idea de que una memoria consolidada es una memoria estable y integra no sobrevivió al experimento [1].

Y en humanos pasa lo mismo

En 2010, Daniela Schiller y colaboradores de la Universidad de Nueva York replicaron el concepto en personas, esta vez sin fármacos. Condicionaron a participantes a temer ciertos estímulos, luego reactivaron esa memoria y, justo dentro de la ventana de reconsolidación —los minutos en que la memoria está de nuevo abierta y vulnerable—, introdujeron información contradictoria.

El miedo no volvió. Ni al día siguiente ni al año [2]. (Aunque este experimento tuvo problemas documentados que hacen dudar de su fiabilidad)

La reconsolidación no es un fallo raro del sistema. Es el mecanismo normal. El cerebro actualiza los recuerdos cada vez que los accede. Lo hace por defecto. Lo hace contigo en este momento, cada noche cuando repasas mentalmente lo que pasó hoy. Es decir, nuestra memoria es mucho menos fiable de lo que creíamos.

Un dato curioso: Cuanto más traumático es un recuerdo, más resistente a la reconsolidación parece ser, no más estable. Los recuerdos de alta carga emocional se reactivaron con mayor fuerza y, al reconsolidarse, tendieron a incorporar más elementos del contexto de recuperación —incluido el estado emocional en que se recuerdan. Si los recuerdas con miedo, se refuerzan como recuerdos de miedo. Esto tiene implicaciones directas para comprender el TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático ) y para cuestionar ciertas prácticas terapéuticas que piden a los pacientes revivir el trauma sin intervención [2].

Es decir, según lo que estos estudios indican sobre la consolidación de la memoria, las terapias consistentes en revivir los hechos traumáticos podrían fortalecer en la memoria dichos hechos, haciéndolos más poderosos y empeorando la situación.

Elizabeth Loftus y la memoria que nunca existió

Mientras los neurocientíficos trabajaban con ratas y amígdalas, una psicóloga llamada Elizabeth Loftus llevaba décadas haciendo algo más perturbador: implantando recuerdos falsos en personas completamente sanas.

En una serie de experimentos a partir de los años setenta, Loftus mostró a participantes vídeos de accidentes de tráfico y luego les hacía preguntas con palabras cuidadosamente elegidas. Cuando la pregunta usaba el verbo «smashed» (colisionaron violentamente) en lugar de «hit» (chocaron), los participantes recordaban la velocidad como significativamente mayor. Y algunos empezaban a recordar cristales rotos que nunca habían aparecido en el vídeo [3].

En el experimento más citado de su carrera, el «Lost in the Mall», Loftus implantó en participantes adultos un recuerdo completamente fabricado: que de niños se habían perdido en un centro comercial. El 25% de los participantes no solo aceptó el recuerdo falso, sino que añadió detalles propios. Una replicación reciente con más participantes encontró una tasa del 35% [4].

El mecanismo de la reconsolidación explica por qué funciona. Cuando haces que alguien recuerde algo —o creas las condiciones para que construya un recuerdo—, el sistema de memoria está abierto. Vulnerable. Y acepta actualizaciones. Al veces al vivir un hecho similar a una memoria previa puede hacer que reconsolides tu vieja memoria mezclandola con lo que pasa en la actualidad, alterándola completamente.

Otro Dato curioso: Los testimonios de testigos oculares llevan décadas siendo cuestionados en la literatura científica, pero los sistemas judiciales tardaron mucho en tomárselo en serio. La Innocence Project, organización que usa pruebas de ADN para exonerar a condenados injustamente, estima que en más del 70% de los casos en que se exoneró a alguien por ADN, el testimonio de un testigo ocular había sido parte clave de la condena. No porque los testigos mintieran. Sino porque recordaban con absoluta certeza algo que no había pasado exactamente así [3].

A pesar de todos estos datos, los testigos oculares siguen siendo en la actualidad claves en casos judiciales, independientemente del tiempo del suceso y sin doble verificación.

El error de estudiar subrayando

Si la memoria reconstruye en lugar de recuperar, entonces tiene sentido que la mejor forma de estudiar no sea releer. Releer es pasivo. El cerebro reconoce lo que ve y genera la sensación engañosa de que ya lo sabe —lo que los psicólogos cognitivos llaman ilusión de fluidez.

El problema es que reconocer no es lo mismo que recordar.

Henry Roediger y Jeffrey Karpicke demostraron en 2006 lo que se conoce como el efecto de prueba o testing effect: estudiar un texto una vez y luego intentar recordarlo activamente —sin mirar el texto— produce una retención significativamente mayor a largo plazo que releer el mismo texto cuatro veces seguidas [5].

Es decir, la táctica de hacerte preguntas y responderlas en alto es mucho más efectiva para reforzar la retención que la simple relectural.

La razón tiene sentido a la luz de la reconsolidación. Cuando recuperas activamente información —cuando haces el esfuerzo de reconstruirla—, el acto de recuperación en sí modifica y fortalece la memoria. No simplemente la «activa». La reforma.

Resumiendo: cada vez que intentas recordar algo sin ayuda, estás haciendo algo mejor que estudiar. Estás entrenando al cerebro a construir rutas de acceso más robustas hacia ese conocimiento.


Si la reconsolidación implica que cada acto de recuperación modifica el recuerdo, ¿es posible que el propio acto de estudiar con flashcards —especialmente las digitales con algoritmos de repetición espaciada— esté, sin pretenderlo, reconstruyendo los recuerdos de formas sutilmente diferentes cada vez? No hay evidencia directa de que esto sea un problema en contextos educativos normales. Pero la pregunta sobre si la repetición activa puede introducir distorsiones acumulativas en memorias complejas, no solo consolidarlas, no está cerrada. Los estudios de reconsolidación se han hecho principalmente con memorias emocionales simples —miedos condicionados, listas de palabras—. El comportamiento de memorias semánticas (Definiciones, significados..) ricas ante múltiples recuperaciones activas es un área de investigación activa [2].

La controversia

Antes de concluir que todo esto funciona limpiamente, conviene señalar que el campo de la reconsolidación tiene sus propias fracturas internas. Varios intentos de replicar el estudio de Schiller (2010) en humanos no obtuvieron los mismos resultados [2]. Algunos investigadores argumentan que lo que se llama «reconsolidación» podría ser en parte un proceso diferente: una forma de extinción acelerada más que una reescritura genuina de la memoria original.

La distinción importa porque tiene implicaciones terapéuticas. Si la reconsolidación reescribe el recuerdo original, el cambio es más duradero. Si es extinción, el miedo puede regresar bajo ciertas condiciones. El debate sigue abierto, y algunos investigadores piden más cautela antes de trasladar estos resultados a tratamientos clínicos para el TEPT.

Lo que sí puedes hacer ahora mismo

Si la memoria reconstruye cada vez que la activas, dos cosas se derivan de eso. Primera: releer apuntes es menos eficaz que intentar reproducirlos sin mirar. Cierra el libro. Escribe lo que recuerdas. Falla. Vuelve a intentarlo. El esfuerzo del fracaso parcial es parte del mecanismo. Una vez más, el fracaso es el mejor camino al éxito.

Segunda: lo que recuerdas no es exactamente lo que viviste. Eso no tiene por qué agobiarte. Pero sí deberías ser algo más escéptico con la certeza absoluta que a veces atribuimos a nuestros propios recuerdos, y algo más generoso con las versiones de los demás.

El cerebro no es un archivo. Es un escritor que reescribe continuamente el mismo libro, convencido de que solo lo está leyendo.


Referencias (Analizadas con nuestro nivel de fiabilidad)

[1] Nader, K., Schafe, G. E., & Le Doux, J. E. (2000). Fear memories require protein synthesis in the amygdala for reconsolidation after retrieval. Nature, 406(6797), 722–726. Fiable

[2] Schiller, D., Monfils, M. H., Raio, C. M., Johnson, D. C., LeDoux, J. E., & Phelps, E. A. (2010). Preventing the return of fear in humans using reconsolidation update mechanisms. Nature, 463(7277), 49–53. Ver también: Lee, J. L. C., Nader, K., & Schiller, D. (2017). An update on memory reconsolidation updating. Trends in Cognitive Sciences, 21(7), 531–545. Problemático

[3] Loftus, E. F. (2005). Planting misinformation in the human mind: A 30-year investigation of the malleability of memory. Learning & Memory, 12(4), 361–366. Fiable

[4] Murphy, G., et al. (replicación del «Lost in the Mall»). Citado en: Loftus, E. F. & colaboradores, múltiples estudios 1974–2005. Tasa del 35% en replicación reciente documentada en literatura sobre el efecto de desinformación. Con reservas

[5] Roediger, H. L., & Karpicke, J. D. (2006). Test-enhanced learning: Taking memory tests improves long-term retention. Psychological Science, 17(3), 249–255. Fiable

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